Antes de salir de viaje
Ese ratito en el que la casa decide ponerse creativa
Hay una escena que se repite en todas partes: estamos a punto de salir de viaje… y, de repente, la casa se convierte en una película de suspense.
Porque todo iba bien. Todo iba "más o menos controlado". Y entonces alguien suelta, con una tranquilidad que da miedo:
—¿Llevamos el pasaporte?
Y en ese segundo se nos apaga la sonrisa. No por drama. Por memoria.
—Claro, sí… lo llevas tú, ¿no?
Y aquí viene la frase que debería tener un aviso sanitario:
—Pensábamos que lo llevabas tú.
"Pensábamos". Como si el pasaporte fuera un concepto. Como si viajara solo. Como si tuviera patas y dijera: "tranquis, ya bajo yo".
A partir de ahí, empieza el baile. Maletas abiertas por el suelo. Ropa que hace un momento estaba doblada y ahora es una montaña. Una camiseta encima de otra camiseta encima de "¿por qué tenemos tantas camisetas?".
Y lo peor: la lista mental.
La lista mental es esa amiga que siempre dice "sí, sí, cuenta conmigo" y luego desaparece. Porque en nuestra cabeza estaba todo: cargadores, llaves, gafas, la chaqueta "por si refresca", el cepillo… Y de repente, en la puerta, la cabeza hace:
—Error de sistema. Reinicie.
Entonces entramos en modo revisión.
—Vale, última revisión y salimos.
Nunca es la última. La "última revisión" es un género narrativo. Siempre tiene segunda parte.
Empezamos a tocar bolsillos como si estuviéramos buscando pruebas. Miramos la mesa otra vez. Abrimos un cajón "por si acaso", que es una forma elegante de decir: "no tenemos ni idea".
Y mientras tanto, el reloj no corre. Observa. Juzga.
En ese punto, ya no es que se nos olviden cosas. Es que estamos cargando con demasiadas cosas… pero en la cabeza. Porque siempre pasa lo mismo: alguien se queda "a cargo" sin querer. El que recuerda. El que pregunta. El que repasa. El que se come el "algo seguro que se nos olvida" como si fuera su responsabilidad.
Y no es despiste. Es carga mental. Es intentar sostenerlo todo a la vez… y encima con prisa.
Hasta que un día hacemos lo lógico: repartirlo. Ponerlo fuera de la cabeza. Que no dependa de quién está más despierto, más nervioso o más "en modo control".
Al final, lo que queremos antes de viajar no es perfección. Es alivio. Y que nadie tenga que llevarlo todo solo.
**Ahí es donde entra Checksy.** Lo lógico cuando no quieres cargar tú solo con todo. (Sí, la app.)
¿Te ha pasado algo parecido? Cuéntanoslo. Escríbenos a info@checksyapp.com y lo convertimos en la próxima historia de "Un día cualquiera".



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